Porto Alegre es una ciudad de ágil acceso a través de numerosos medios de transporte. A nivel interno, el sistema de circulación se destaca como uno de los más eficientes de la región.
Cómo llegar a Porto Alegre
El Aeropuerto Internacional Salgado Filho, el más importante de la región sur, comunica la capital gaúcha con una cantidad de ciudades brasileñas (Rio de Janeiro, Foz do Iguaçu, Belo Horizonte, Brasília, Curitiba, Florianópolis, San Pablo, entre otras) y extranjeras (entre ellas Montevideo, Buenos Aires, Panamá, Santiago, Lima y Lisboa). Este agitado aeropuerto se ubica a 10 kilómetros del centro de la ciudad, a la cual se llega en solo minutos gracias a la gran cantidad de autobuses, transfers y taxis disponibles en la terminal.
También es posible llegar a Porto Alegre a través de ómnibus de larga distancia, tanto desde los distintos Estados brasileños como desde Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. La Estación Rodoviaria de Porto Alegre se localiza sobre el Largo Vespasiano Julio Veppo (centro histórico) y funciona durante las 24 horas.
Quienes planeen llegar en automóvil por carretera, tienen varias opciones desde las distintas regiones de Brasil. La BR-116 es el camino más corto para llegar desde el norte (Rio de Janeiro, Florianópolis, Curitiba, São Paulo), aunque algunos prefieren tomar la BR-101 hasta Osório y luego la BR-290 hasta Porto Alegre. La ruta BR-116 también se utiliza para llegar desde el sur, tanto viniendo de Pelotas o Rio Grande como desde Uruguay. Desde Argentina se puede tomar la BR-290, pasando por la ciudad riograndense de Uruguaiana.
En cuanto al transporte fluvial, si bien el Puerto de la ciudad está en excelentes condiciones, solo es utilizado para barcos de carga.
Transporte en Porto Alegre
El sistema vial de Porto Alegre está planificado en forma semicircular, a través de círculos concéntricos que parten del centro histórico hacia las diferentes áreas urbanas. Los caminos que conectan el centro con las zonas más alejadas se llaman avenidas radiales, atravesadas por las perimetrales que conectan los distintos vecindarios entre sí.
El transporte en la ciudad se caracteriza por una alta eficiencia y comodidad. Las principales atracciones del centro de Porto Alegre pueden recorrerse perfectamente a pie, por lo que el transporte público se utiliza más que nada para trasladarse entre los distintos barrios.
La línea de metro (conocida entre los locales como Trensurb) lleva desde el centro hasta el aeropuerto, la estación rodoviaria y algunos puntos metropolitanos. El boleto cuesta apenas 1,70 reales.
Los autobuses que circulan por la ciudad están señalizados con un prefijo según el tipo de recorrido. Las líneas Transversales (que conectan los diferentes barrios entre sí sin pasar por el cetro) se identifican con una “T” previa al número de línea y destino; mientras que las líneas “Circulares” (del centro a los barrios concéntricos) presentan una “C” en su letrero. El sistema de ómnibus es rápido y cómodo, principalmente cuando se toman líneas que van por el corredor exclusivo de buses, evitando los embotellamientos. El boleto común tiene un costo de 2,70 reales.
También existe un sistema alternativo de transporte público llamado Lotação, camionetas con capacidad para 20 personas reconocibles por su colorido rojo y azul. Para tomar este transporte, antes de subirse se debe preguntar al conductor hacia dónde se dirige. La tarifa cuesta 4 reales.
Aunque de precio más elevado, el taxi es el medio más práctico, rápido y seguro para viajar por la ciudad. Caracterizados por su color rojo, los taxis cuentan con paradas señalizadas en las distintas zonas de la ciudad, aunque también se puede llamar al servicio de tele-taxi. El costo del traslado es determinado por el taxímetro, existiendo una base de 3,50 reales solo por tomar el servicio.
Quienes viajan en grupos de tres a cinco personas, encontrarán muy cómodo y rentable alquilar un coche en alguna de las múltiples compañías de renta distribuidas en la ciudad. El buen sistema de vías de Porto Alegre hace que el tránsito sea fluido, si bien suele enlentecerse en las horas pico.












