Qué ver en Jericoacoara

Iglesia de Jericoacoara

Jericoacora tiene un estilo relajado y tranquilo, ideal para los que buscan descansar en un entorno natural, donde la infraestructura del hombre no ha hecho grandes cambios a la postal local. No ha cambiado mucho desde que Jeri era sólo una pequeña villa de pescadores, visitada únicamente por los viajeros más aventureros. Una vez que llegues al balneario, para trasladarte tendrás que caminar por la arena o manejar los buggies, unos vehículos especiales para andar por las dunas, ya que aquí no hay calles asfaltadas y tampoco hay carreteras para que lleguen los autos. Este ambiente despreocupado, con poco cemento a la vista, no significa vacaciones sin confort y lujo. En el pequeño pueblo encontrarás muchos de los servicios que estés buscando, desde masajes, deliciosas cenas, hasta bares y clubes para bailar.

Qué ver en el pueblo de Jericoacoara

En el pueblo de Jericoacoara puedes visitar su iglesia. Es una pequeña y bien pintoresca construcción de piedra, levantada por los propios lugareños. Desde allí tendrás una panorámica vista de la bahía, sitio ideal para sacar muy buenas fotografías. Al atardecer, un clásico para los lugareños y los turistas, es mirar la puesta de sol desde la inmensa duna que se levanta al este del pueblo. Esta actividad se ha vuelto un ritual de todos los días.

En la base de la duna, también todos los días al atardecer, podrás ver a un grupo de gente practicando Capoeira. Se trata de una actividad que mezcla la danza con la pelea cuerpo a cuerpo. La Capoeira nace con los esclavos traídos de Angola y otros sitios de África, quienes transmitían técnicas de pelea disimuladas con la danza. Los opresores sólo permitían a los esclavos reunirse para los ritos culturales, y éstos aprovechaban esta reunión para preparar una revolución. Los esclavistas no debían notar que se estaban preparando para luchar, y es así como nacen los movimientos danzantes de la Capoeira.

Atardecer en Jericoacoara

Por la noche, el cielo de Jeri, completamente despejado de la contaminación lumínica de las ciudades, brilla intensamente, constituyendo otros de los atractivos naturales del balneario. Te vas a asombrar del brillo y la cantidad de estrellas que se pueden ver, creando el escenario perfecto para los entusiastas de la astronomía.

Hacia el este de Jericoacoara

Si caminas hacia el este de la villa por la costa, encontrarás una formación rocosa bien singular. Pedra Furada se ha convertido en el ícono de Jericoacoara. Para llegar hasta allí debes bordear el mar, y pasar la playa Malhada, una pequeña playa muy frecuentada por surfistas. Luego tienes que seguir caminando dos kilómetros a orillas del mar si la marea te lo permite. Si el mar está muy alto, entonces tienes que tomar el camino que sube hasta el Serrote. El paisaje de piedras y acantilados, hacen que valga la pena recorrer este sendero.

La caminata te llevará dos horas aproximadamente, una hora para ir y otra para volver. Si al llegar al sitio, la Pedra Furada no te entusiasma, las panorámicas vistas que tendrás desde allí seguro lo harán. Si tienes la suerte de viajar entre el 15 de junio y el 30 de julio, podrás ver en el atardecer cómo el sol se ubica justo en el medio del arco.

También hacia el este de Jericoacoara, en la cima del Serrote, que tiene 100 metros de altura, podrás visitar el faro. Desde esta altura tendrás una vista de 360 grados de Jeri y toda el área que la rodea. Es el mejor sitio para ver el  atardecer y el amanecer. Desde la villa parten excursiones a caballo para subir al Serrote.

Pedra Furada

Hacia el oeste de Jericoacoara

Hacia el oeste del pueblo encontramos otras bellezas y atracciones naturales que debes visitar. Pasando la duna del atardecer, hay un tramo, aparentemente interminable de playa. Aquí los turistas aprovechan para andar a caballo, correr o hacer largas caminatas. Si continúas caminando hacia el oeste por la playa, luego de haber recorrido cinco kilómetros, encontrarás una pequeña villa de pescadores, llamada Mangue Seco. A medida que te acerques, podrás ir viendo el aspecto surrealista del bosque que la rodea. Los árboles muertos de los manglares dan el nombre a este pequeño pueblo: Mangue Seco significa manglar seco.

Más al oeste aún, encontrarás otra pequeña comunidad de pescadores. Guriu se sitúa en la desembocadura de un pequeño río que marca el límite del Área de Protección Ambiental. Si llegaste hasta aquí en buggie, puedes pagar a alguna de las balsas para que transporten el vehículo hasta la otra orilla del río. Entre los manglares viven caballitos de mar, así que si quieres ver estos exóticos animalitos, puedes contratar la guía de algún pescador para que te lleve hasta su hábitat.

Tatajuba se encuentra a 25 kilómetros de Jericoacoara, así que para trasladarte hasta allí necesitas un buggie o un vehículo todo terreno. A esta villa se accede luego de atravesar el río y algunas dunas. En este recorrido podrás ver pequeñas esculturas de arena, que se formaron luego de un proceso de cristalización de la arena. La laguna de agua dulce, las hamacas paraguayas y el pescado fresco de la cocina son los principales atractivos de este pequeño pueblo.

Hacia el sur de Jericoacoara

Por último, si te diriges al sur de Jeri, encontrarás las lagunas Azul y Paraiso. Puedes llegar hasta ellas en una caminata que no dura más de una hora, o ir en buggie para atravesar las dunas. Las lagunas están una junto a la otra, y ambas tienen la misma arena blanca y las mismas aguas tranquilas de azul intenso. A orillas de las lagunas encontrarás dos restaurantes que ofrecen deliciosa comida y un sitio con sombra para relajarse, y descansar en las hamacas paraguayas ubicadas con postes sobre el agua.

Lagoa Azul

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