Surfeando la Pororoca del Río Amazonas

Surf en la Pororoca

La ola más larga del mundo no está en el mar, sino en la desembocadura del río más grande del mundo: en el estuario del Río Amazonas. Si estás de vacaciones en Belém, presta atención a los pronósticos, porque la Pororoca ocurre sólo dos veces al año, cuando las aguas del océano, como consecuencia de la subida de la marea, penetran en la red fluvial del río. El enorme caudal del río hace que el agua del mar rompa formando olas estruendosas e inundando de agua salada las regiones más bajas de la ribera. Cuando se dan las condiciones necesarias, puede llegar a presentar una altura de cuatro metros.

Pororoca” es un término de la lengua tupí-guaraní que significa “gran estruendo”. El sonido del violento choque de las aguas puede ser escuchado media hora antes que llegue la ola y continúa en todo su paso arrasador. Centenares de surfistas locales y de todas partes del mundo acuden para enfrentarse con uno de los mayores desafíos que tiene el deporte. Aquí los surfistas llegan para obtener el récord de duración y distancia sobre la ola más larga del mundo.

Las olas de la Pororoca pueden llegar a durar una hora y se adentran decenas de kilómetros hacia el continente, pero los surfistas no suelen durar más de unos pocos minutos, porque exige una resistencia física muy buena. Para montar la Pororoca debes olvidarte del método que se utiliza para correr las olas del mar. Aquí precisas lanchas o botes para perseguir las olas y arrojarte justo sobre la cresta.

Los récords de la Pororoca los han tenido siempre los surfistas locales. El primer récord lo obtuvo el brasilero Picuruta Saalazar, que por entonces tenía 43 años. Conservó el récord por nueve años, hasta que Sergio Laus, también de Brasil, recorrió diez kilómetros durante poco más de 33 minutos sobre la Pororoca.

Esta ola de turbio color marrón arrastra barro, piedras y troncos en su paso, constituyendo un nuevo peligro para los surfistas, además de su potente fuerza arrasadora. La presencia de pirañas, yacarés y otros depredadores del Amazonas constituyen otros riesgos para los intrépidos deportistas que se animan a correr la Pororoca.

 

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